Misleidis Fernández es una cubano-americana que emigró a Estados Unidos en busca de libertad y nuevos horizontes. Profesional bilingüe y empresaria exitosa, fundadora y CEO de Aje by Misly Inc., empresa con sede en Miami especializada en preparación de impuestos, preparación de formularios de inmigración y servicios financieros y administrativos. Combina su sólida formación académica con más de 19 años de experiencia en gerencia empresarial. Graduada con un Bachelor en Psicología por la Florida International University (FIU), apasionada por la literatura, la lectura y la escritura, es autora del libro A Falta de Sueños. Actualmente cursa un Máster en Neuropsicología Clínica en la Universidad Internacional de Valencia.
Cambiar el tiempo de estudios y lecturas por abrazos. Libros de filosofía por cuentos de antaño, muchas veces inventados. Subir estándares para obtener resultados funcionales. Reorganizar la vida para darle sentido a la de ellas. Abrazar y sentir cómo se desplaza el miedo para convertirse en amor. Presumir otro ser antes que a uno mismo. Alimentar privándome del más grande gusto. La valentía de una economía sólida, aun cuando apostaban que no lo lograría. Enseñar a volar a sabiendas del costo del “nido vacío”. Echar raíces cuando la que quiere volar es mamá. Arriesgar mis sueños para llevar a cabo el proyecto de mi propia vida, aunque no ya tan aprisa; esto merece un plan. Aprender a esperar, sentir y entender el comportamiento de individuos que, aunque creados por mamá, no me pertenecen. Hacer feliz por placer y sentir el alma satisfecha como resultado.
La mejor inversión de mi tiempo, a pesar de todos los sueños dejados en el camino. Esos que se ponen en espera y tal vez nunca se retoman. Es una cocina aborrecida convertida en amor por el placer que produce sentarse juntos a la mesa, aunque se rían conspirando cómo deshacerse de una cucharada más. No venía en mi manual el arte de la cocción, tampoco nunca me esforcé por aprenderlo. Ver a alguien marcharse y pedirle que no lo haga, y convencerle. El desespero de un regreso que ocurre cuando menos lo espero mientras me obsesiono con la ubicación de una aplicación de un iPhone cualquiera. Vivir el dolor en los ojos de estos individuos y tomarlo personal, defenderlos con uñas y dientes, y a veces a golpes, a ideas, a odio, sin remordimiento. Es el deleite de la complacencia siempre: sus deseos. El único remordimiento de un “se me fue la mano”. Un “no corras” en un parque infantil, por un miedo frío que recorre mientras imagino una cicatriz en la quijada, la segunda. El derramar de lágrimas en cada participación de fin de curso, talleres de teatro, clases de piano, saltos de cheerleaders. El respeto a lo diferente, el moldearlo con sabiduría por la destreza de los años, con la única intención de evitar un traspié. Dormir cuatro en una cama “Queen”. Suavizan el alma los abrazos en las largas noches mientras los observo desvelada ante el pequeño espacio que logro alcanzar, en la misma cama Queen. Enemiga de todo aquel que no respete el ego de mis seres, los que arrojé al mundo, incluyendo a aquellos que ayudaron a crearlas y darles vida (por una simple cuestión biológica).
Pienso en mis muertos y me aferro a las caricias de una ancestral señora que me acariciaba en las noches y me vigilaba el respirar y los latidos de mi corazón. La misma que vigilaba mi camino con la luz apagada para que yo no la divisara en la persiana de aquel balcón del apartamento que aún extraño y que ya solo existe en mis recuerdos. Es ella la única culpable del amor que desbordo hoy como madre. La que me enseñó que, a falta de abuelas como ella, la abundancia de mi cariño, paciencia y su recuerdo me ayudarían a criar dos hijas que no me abandonan, que siempre quieren estar, que comparan mi amor con otros y siempre escogen el mío. Que no necesitan más que escucharme, o pedirme que las escuche. Dos personitas que me llenan de orgullo y de felicidad. Ellas no lo saben, siempre digo que en mi próxima vida escogeré venir como hombre. ¡Mentiras! Volveré a escoger (si me lo permiten) ser la madre que me construí, la de mis sueños, la que me inspira a abrazarlas, esa que fabricó mi abuela con sus yemas de los dedos sedosos, la misma que sigue visitándome en mis sueños, aunque no ya tan frecuente. Ya sabe que lo he logrado, pero sigue presente en unas rosas blancas y en la claridad de mi andar, siempre a mi paso y con su sabiduría como ejemplo.
Cumplir años debería ser un paso más hacia la madurez deseada. Sí, eso está bien para los simples mortales, pero para entes como yo, cumplir años es solamente un paso más hacia una adolescencia consciente y disfrutada, donde comprar un juego de cazuelas es el chiste del año. Una plancha con tabla incluida es inaudito. Aún sigo lavándome los dientes antes de ponerme mis espejuelos, o leyendo mientras camino esas dichosas cinco millas diarias por aquello de mantenerme fuerte ante el sedentarismo.
Sigo persiguiendo libros viejos y calificándolos a mi antojo como botiquín anti-resfriado. Ya le he advertido a mi hija mayor que mis libros (mi único tesoro y herencia) son para conservar y que, bajo ningún concepto, aceptaré (del lado de allá o de acá) que se deshaga de ellos.
Me he pasado más de la mitad de mi vida estudiando. Tengo la capacidad de hacer muchas cosas a la vez y que todo me produzca pasión. Sigo escribiendo para mí más que para el mundo y ahora, precisamente, me ha dado por crear “contenido” en redes sociales, como así le llama el mundo actual. No me falta tiempo, me sobra creatividad, amor y pasión por todo lo que me propongo y logro.
Nunca voy por la senda que quieren verme, pero aseguro que está bien así. Nada que arrepentirme. Me queda mucha pasión aún y entrega futura. Por el momento me paro en el hoy y existo, no para cumplir un año más, sino para celebrar todo lo vivido.
Deslumbrante a mis ojos, inmóvil, me observa, me precisa que debo mirar del lado opuesto. Siento esa fuerza que mueve por dentro e inquieta hasta que encuentro el objetivo. Ahí está, erguido elegantemente, fuerte como su textura, en pie, esperándome. Solo caminé, embebida por su belleza, la luz irradiando el camino de los vericuetos empedrados que conducian hasta él. Alzo mi brazo izquierdo y un escalofrío me recorre y paraliza al tocarlo. En ráfagas comienzo a observarme desnuda, blanquísima, rodeada de doncellas todas ensimismadas en su jornada para prepararme, asearme, vestirme, peinarme, maquillarme. Una música muy vaga de fondo, un viento bamboleaba las cortinas con amplios ventanales. A lo lejos, una vista refrescantemente verde, y la certeza de que sería un grito mi atuendo.
Lo suelto asustada, agitada. Miro a mi alrededor mientras en Lincoln Road la feria local de Vintage Clothes continúa atrayendo público. Recuerdo mi botella de agua de cristal fría, refrescante, en mi mano derecha, y me la empino. Dudo, retomo mi actitud y estiro mi brazo izquierdo pero ahora crédula, con intención, observando aquel hermoso vestido de otra época que yo necesito ponerme. Mi corazón se acelera al sentir la retumbante voz de mi familia que me grita que no me lo ponga, que el Príncipe ha muerto. Las doncellas ahora danzaban en celebración y yo solo observaba la verdura en la distancia, sin entender muy bien la danza y los gritos, solo observaba. Me pesaba el cuerpo y al observarme, aún descalza, dentro de aquel vestido, comienzo a sudar, pero en demasía. El piso debajo de mis pies se humedece, inmóvil.
«Fue hecho a la medida», me comenta la vendedora que ha estado conversando sola, aunque asegura que conmigo. «A la medida mía», se me escucha decir aunque disimulo. «Me lo llevo». El costo era irrisorio ante su majestuosidad, no supe las medidas, no me importaba. Solo recogía lo que era mío. Pagué, ridículo pagar por lo que me pertenece pero no sabría explicarle. Trató de decirme cómo lavarlo pero ya yo, percha en mano, me alejaba aunque nunca dejé de escucharla. Caminé hasta el final de la feria, ensimismada en la habitación adonde mis pies ahora resbalaban y el vestido, largo, comenzaba a humedecerse. Me costaba arrastrarlo, la textura gruesa del tejido me obligaba a ayudarme con mis dos brazos levantándolo de cada lado un poco. Mis piernas blanquísimas, relucientes, húmedas, solo avanzaban, sin rumbo, sin motivo, solo orientadas por una tierna y suave melodía lejana.
Llego a casa, lo cuelgo de una ventana frente a mi cama. Quiero observarlo, saber cómo ha llegado hasta mí, nuevamente. La añoranza se mueve helada por mis venas, cuagulada. Percibo un halo de luz a su alrededor. Cierro la ventana, no quiero confundirme con la claridad del domingo. Intento dormir pero mis ojos, firmes, miran, de lejos, cada detalle del jaspeado, hilvanando recuerdos que prometen ir muy lejos o traerme de vueltas. El brazo Izquierdo, inconsciente, agarra mi corazon, no logro controlarlo, me domina… Despierto con una notificación en mi iPhone, Expedia me recuerda unas vacaciones bookeadas a la India, que no recuerdo haber reservado; ‘!La etiqueta!’ me grito. «Made in India» reza…
El pasado 3 de Enero desperté emocionada por la detención y extradición y encarcelamiento de Nicolás Maduro. El Pueblo de Venezuela en las calles de Miami celebrando, generó una esperanza absurda pensando en los míos, esos cubanos, los que no cuentan con remesas, esos de la tercera edad sobreviviendo en la indigencia a pesar de carreras exitosas olvidadas en el recuerdo. Pero ese sentimiento que afloró en mi corazón, no abandonó ese lado escéptico que me caracteriza.
Cuba, durante 67 años bajo la dictadura más lonjeva de Latinoamérica, ha dado sobradas razones para una intervención americana. Pero no tiene recursos de fuerza económica que beneficie y justifique así la operación. Las excusas sobran, Rusia también tiene poder dentro de Venezuela, así, esta queda desmentida. Russia tambien tiene poder en el país en cuestión.
El pueblo de Cuba tiene que saber que está solo. Y que solo ellos podrán ganarse su libertad a fuerza de lucha contra esa tiranía. Ni dialogo, ni cambios internos lo hará posible. Despierten de ese sueño. No hay una dictadura de tal envergadura que abandone o cambie, solo la acción les hará libres.
Me regocijo en el júbilo del pueblo venezolano, por la única razón (clara hasta ahora) de la apprehension de ese dictador. Les deseo Libertad y su país de vuelta. Aún mucho qué hacer, y sobre todo, disipar la incertidumbre de qué pasará, pero es un buen comienzo.
A propósito de un post de Ulysses en el que comenté:
Desafortunadamente, el problema de los I220A radica en, incluso cuando han hecho todo en orden y han seguido al pie de letra todo el proceso correctamente, siguen en el mismo limbo. Si, son muchísimos los que añoran un regreso a Cuba, blah blah blah, pero hablemos de los que SÍ han seguido el proceso. No hay diferencia, los han tratado igual. Y no Estoy hablando de estadísticas irreales, sino de personas que recibo a diario. Ni una, ha logrado legalizarse. Y si, con asilo, prueba, y los jueces desestiman casos sin estudiar a fondo, tirando a estas personas a los leones y dejándolos a merced de una suerte inexistente y sin recursos para salir adelante. No todos son ese desastre y se supone que esta administración haga la diferencia. De lo contrario, qué sentido tiene el voto por un party u otro? Ah, y no solo son los cubanos…sin contar los que esta administración dejó entrar bajo fianza por allá por el 2019 (no entraban en categoria I220A), guess what? Aún siguen en limbo migratorio. Más de 6 años cumpliendo con todo. De nada les ha valido. Hoy viven con el mismo miedo del primer dia. Ninguna de las dos administraciones ha mirado con solución sus casos, y? Por favor, el problema migratorio actual, va más allá de aquellos que siguieron los cantos de sirena que no necesitaban asilo. Esos que paguen las consecuencias. El desconocimiento no los exonera. Pero no son todos ni la mayoria.
***Hace mucho que me dije que no me involucraría, no tengo tiempo para comentarios tontos. Así que, ni aclararlo eh, que estoy sumergida leyendo algo más interesante.
Desperté extenuada, la noche me pareció corta. Una incertidumbre latente en estos últimos tiempos. Días meditando cuán equívocos aquellos que piensan que mi afiliación o devoción van por cierto partido u hombre. Más no disciernen que este mundo es regido por gobiernos políticos y que, dependiendo de quien esté a cargo, nos tocará a menos o a más. Igual seguimos siendo peones. Hubo un filósofo de cuyo nombre no puedo acordarme, quien no se equivocó cuando alegó que el voto no debía estar en manos de las masas.
Quiero que hoy sea un día libre de fantasmas en mis pensamientos. Evitar el agobio por lo que no puedo cambiar. Encerrarme en mi mundo como hago siempre y evitar escuchar las noticias (todas malas, siempre). Terminar un libro y comenzar otro, ya escalonado por orden prioritario y variable, acumulados en mi mesita de ‘noche’ y su extensión (otra mesita). Y que cuando toda esta peligrosa algarabía haya pasado, levantarme y andar, sin mirar atrás, arreglar lo que se pueda y continuar.
Nuestro voto nunca definirá un presidente, nuestros deseos de libertad siempre han estado limitados. La falacia nos persigue. Según la biblia: La fe sin obra es muerta. Por tanto, voté para abogar por Fé, desvanecida, claro. La esperanza transmuta, en un abarcador desliz.
Una visita a la oficina del Social Security actualmente se convierte en una experiencia interesante. Espero tranquilamente mientras leo, en mi carro, escuchando muy a tono con el libro en cuestión ‘El silencio en sus ojos’, a Miles Davis ‘Blue in Green’ (mencionado en el libro). De pronto miro en dirección a la puerta de la oficina en busca de la persona que he traído y veo como crece la fila. Al cabo de un tiempo se desvanece, y todo comienza de nuevo. Bajo la ventana por el frío que siempre me provoca el aire acondicionado del carro cuando llevo demasiado tiempo inerte, sumergida en la lectura. Comienzo a escuchar y observar aspectos de la nueva inmigración: el muchacho del pullover rojo sale del carro arreglándose la ropa al unísono con el movimiento mandibular que produce su goma de mascar, arregla su cabello engomado (deduzco por la brillantez) y saca su prenda (cadena de oro o brillante) por encima de su ropa, como complemento perfecto, provocador de la primera impresión. Se aleja sumido en una videollamada procedente de Cuba, se escuchan los gritos de ambos lados del teléfono provocados por la mala recepción. Otro hombre camina nervioso, agitado, intenta comunicar pero no le es posible. Coloca su sobre transparente encima de un carro que observo no le pertenece, enciende un cigarro de esos que parecen baratos por la poca delicadeza del diseño de la caja. Suena su teléfono, contesta con el cigarro a medio labio mientras recoge su sobre que muestra su pasaporte cubano como tesoro debelador de Ciudadania. Se queja, se queja y se vuelve a quejar de Miami y lo duro que se le está haciendo todo, incluso el seguro social que le han denegado por olvidar un papel en casa procedente del Children and Family. Le recuerda a la mujer que está aquí por ella, la interlocutora ríe despiadadamente y le dice que ni se le ocurra regresar, que ella no está para recordarle a él por qué tiene que estar acá, en Miami. Él suelta una pícara carcajada y le dice que llamará a un amigo para decirle que ya terminó a ver si puede recogerlo, pero no piensa contarle que se olvidó el otro papel para que no lo regañe como niño chiquito, cosa para la que él no está. Cuelgan. A mi lado una señora canosa que aprieta su cartera contra si, cuenta con el ceño fruncido, cómo el oficial de inmigración (ICE, CBP agentes tal vez?) en la frontera la peloteó y la maltrató pero ella lo puso en su lugar. La otra no le cree y ella cuenta en detalles que él no quería creerle su participación en el levantamiento del 11 de Julio, cosa que ella admite es mentira pero su hermana de aquí que si no va a Cuba, la instruyó perfectamente con todo lo que tenía que decir en la frontera o de lo contrario ella no la ayudaría más porque ya estaba cansada de pasar por encima de sus principios e intentar sacarla de la miseria. Le comenta un poco más bajo que fue por eso que accedió a venir, porque sabía que de lo contrario iba a pasar trabajo. Por lo demás ella estaba de maravillas en su casa con ‘de todo’ que su hermana, a través de los años le había suministrado. Se despiden no sin antes la amiga le recomienda no ir en contra de ninguna otra autoridad porque pudiera buscarse un problema mayor. Esta ríe y le increpa que aún no ha nacido quien la maltrate ni en Cuba ni aquí. Soy yo quien ríe ahora. Observo que en la fila todos visten acorde a su estado actual. Se puede diferenciar un establecido a un recién llegado. Enciendo mi carro nuevamente y subo las ventanas, necesito sumergirme en mi lectura, bloqueo totalmente lo mundano.
Viernes, 8:34 pm Westar de Le jeune Rd y la 7ma calle del Northwest de Miami.
Pasajera: Paremos acá que el vuelo ya aterrizó pero dice que hay fila para recoger su maleta.
Esposo conductor: OK debe ser rápido así que me quedaré aquí mismo-se sitúa al lado de la estación de aire-.
Transcurren veinte minutos entre charlas y risas de los ocupantes del carro. Siempre pendientes a si viene alguna otra persona por aire, movernos y dejarles libre el sitio. Así que previniendo, motor encendido. Se aproxima un SUV de color negro, el conductor baja la ventanilla correspondiente y señala el carro ahí parqueado. La pasajera lo nota y le comenta al esposo que se mueva para que puedan usar la estación. Se sorprenden al verse bloqueados por la puerta que, abierta, no les permite moverse.
Agresor: Sale del carro que te voy a dar dos tiros! Es este verdad?-le pregunta vociferando a otro tan desagradable como él, quien a su vez ha contestado, supuestamente, que si- Sale que te voy a dar dos tiros!-entre otros muchos (como atrevidamente llamaré) «sonidos guturales» ya que no se le entendia entre tanto ademan y chabacaneria-.
Esposo conductor y pasajera al unísono: Espera, que pasa? A quién buscas? No somos nosotros, tenemos niños (todos en shock, niños llorando, adultos señalando los niños en el asiento de atrás). El matrimonio en tono desesperado sin bajar ventanillas ni poder escapar de aquel incidente. El tirador, da un vuelco y se inclina (siempre con su mano izquierda oculta a la altura de la cintura por la espalda) a recoger lo que se deduce era un arma de alguna otra índole, la etiqueta de su pullover colgaba aún del cuello, la puerta del SUV se entrecierra atrapandole, salvandonos. El protector de aquella familia aprovecha la cobertura y acelera, atraviesa oscuras entrecalles hasta desaparecer. El celular no para de sonar, la hija por fin les espera en la puerta D47 de arrivals en el Miami International Airport. Le recogieron, se abrazan madre e hija quien llora en un recurrente temor de no ser encontrada entre tantas personas. Aun desespera cuando está lejos de su madre.
Salen del shock y la pasajera llama al non emergency police number:
Del otro lado del auricular: Miami police, dígame-debo resaltar que cuando estoy nerviosa es cuando único marco el #2 para español. Siempre lo he considerado una pérdida de tiempo-.
Pasajera: Quiero reportar un incidente violento que acaba de ocurrir en la Westar de Le Jeune y la 7ma calle del NW.
Se encuentra usted en el lugar?
No, pudimos huir, estamos a salvo
Lo siento pero si abandona el lugar no podemos tomarle declaraciones por teléfono
Debía esperar los disparos entonces?
Lo que digo es que una vez que abandona el lugar de los hechos el único lugar donde puede ir a hacer una denuncia formal es en la estacion de policia pero no le aconsejo que vaya hoy porque ya está cerrado.
Entonces no hay nada que hacer, otro criminal queda impune en la ciudad que vivo alrededor de diecisiete años. Ya no me siento segura. Que pena, me averguenzo de todo lo que está pasando y ver que estamos solos.
Señora, hace mucho Miami no es una ciudad segura. La entiendo.
Muchas gracias.
Pesadilla recurrente, entre calles oscuras, el pánico en el sueño, el parabrisas trasero ante mis ojos, un SUV que deambula por Miami acechando impune.
Last update: Alguien nos comentó que esto es un esquema activo ahora en Miami. Marcan un carro como target, amenazan para que el conductor se baje enfadado, y en la cobertura le roban. Les da lo mismo un celular, que un bolso, total, a estos no les cuesta su paz mental.
Alguien sabe quienes son los implicados o debo ser explícita? Estén alertas.
A raíz de la segunda edición del libro de ensayo Mitos del antiexilio, del filólogo Armando de Armas, rebusco ahora entre sus páginas tras varias relecturas lo que el escritor pone al descubierto en cuanto a falsedades sobre el exilio cubano, apoyado en estadísticas y hechos que revelan el alma desterrada en su autenticidad. Esta nueva edición llevada al lector por la editorial Exodus ya está disponible en Amazon para el disfrute y análisis de todo el que así lo estime conveniente.
Obvio es que Mitos de Antiexilio no es un clicz moi. Esta hecha a la medida del character intransigente respecto a la libertad que caracteriza al escritor en su extensa obra. Este libro, como obra de arte valiosa, logra mostrar a ese “exilio de derecha” que navega, desde el olvido, en un sublime naufragio político. Una derecha que ha alcanzado falso prestigio político hallando refugio entre los más cálidos caprichos izquierdistas. Y digo falso prestigio político pues una de las cosas que muestra la obra es que justamente uno de los problemas de ese exilio es que se asume de derecha, sin serlo.
Este ensayo analítico bien pudiera impartirse en universidades como factor imprescindible para el crecimiento crítico-político de esa sociedad “buenista”, para así contrarrestar las instituciones educacionales dominadas por la izquierda desde hace algún tiempo atrás o en las universidades, como nos empeñamos falsamente en llamarles a pesar del dogma liberal desatado en ellas tal cual se menciona en dicho ensayo.
El espectro contra el exilio es amplio, Armando de Armas en esta majestuosa obra se propone, sin tapujos, no solo analizar, sino exponer argumentos sólidos e históricos, y elabora toda una cronología de hechos acorde con lo que argumenta. El lector analítico no tiene opción más que escoger un lado definido de la historia y hacerla suya. Entenderá del escritor per se la destreza con que expone el factor educacional de Norteamérica para esclarecer así a dónde va el camino de las generaciones venideras con un 72% de profesores de universidades y colegios declarado abiertamente izquierdista y solamente un 15% derechista, según el Washington Post. ¿Marxismo apiñado, tapiñado…formadores de comunistas titulados en centros de renombres?
Pero al grano, el tema del antiexilio, sinónimo de división entre un mismo pueblo, no hace más que provocar un carácter degenerativo entre sufrimiento lento, repetitivo y extenso de una nación suicida. Armando deja al descubierto el desprestigio visceral impuesto por los que aclaman perdón de los dolidos (exiliados) para exacerbar así a un desgobierno que, desde el purgatorio de un pueblo enceguecido se apodera poco a poco de la orilla de los exiliados; hace metástasis en Miami.
EL meollo existente, como lo veo, sigue siendo esta generación despojada de una historia digna y veraz, individuos que para variar emigran por “problemas económicos” y no políticos. Aprovechados de la magnanimidad de este gran país. Grants desperdiciados en nombre de la libertad de un pueblo sometido al engaño de proyectos para el populacho embebidos en una lucha pacifista, jamás vista en la historia del derrocamiento comunista, excepto que los mismos comunistas decidan derrotarse como parece que sucedió en Europa del Este.
Pero, ¿qué consigue la izquierda?
¿Qué es lo que consigue la izquierda desde este lado según Armando de Armas? Usando sus palabras cito: “estigmatizar al exilio cubano.” Afrenta, devoción perruna por Fidel Castro. Vivo ejemplo lo vemos acá, en Miami, bastión del exilio y la proyección de una disidencia light siempre trotando al son de un “buen” (decadencia visceral de la cultura isleña) tema del artista cubano apolítico. Sí, esos que le dedican en la isla conciertos al dictador pero acá se abstienen del menor comentario que pueda recortarle los privilegios que solo gozan los que lamen botas a falta de fambeco. Esos que incluso invaden redes halagando, felicitando e incluso sollozando la muerte del dictador, del yugo que los oprime, víctimas del síndrome de Estocolmo con el que se encariñan aún conscientes de su diagnóstico. Líderes sin fundamento creados por una izquierda que enriquece sus arcas a costa del dolor ajeno.
Víctimas del comunismo
El libro esclarece con datos acerca de las víctimas que aún al presente padecen la pandemia comunista alrededor del mundo, mostrando la alarmante cifra de al menos 1 500 millones de esclavos (cito al autor) bajo la egida de ese sistema en varios países, entre ellos Cuba. Además de tocar el tema de la nueva tendencia entre estrellas a amenazar con abandonar esta gran nación si asoma el menor indicio de un partido de derecha ganador en las elecciones “democráticas”, demostrando al paso del tiempo que todo el circo no sirve más que para engrosar las arcas a costilla de sus estultos feligreses despojados del más ínfimo conocimiento de lo que realmente mueve al mundo y en lo que, poco a poco han tratado de sumir a EEUU. Necios seguidores desprovistos del libre albedrío y con desconocimiento de la responsabilidad que tiene cada individuo de educarse a sí mismo para evitar así la ya impuesta manipulación izquierdista existente. Generaciones acomplejadas arrastradas tras la corriente de libertades efímeras.
Menciona esta obra a grandes del arte como Saramago y Sabina (entre otros) a favor de una dictadura, la más longeva del Hemisferio Occidental, como nos expone el autor. Entendido es que quien no ha sufrido la miseria en que consume a su pueblo esta peste ideológica no puede opinar debidamente, pero el tema de Cuba es un secreto a gritos ignorado sólo por el que decide mirar a otro lado por conveniencia propia. ¿Qué hacen estos figurones entonces exigiendo a la ONU que no se condene a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos? Tienen sus manos llenas de sangre, y por mi parte, prohibido olvidar, prohibido perdonar la afrenta.
Inconsecuencia
Según el autor, ¿por qué ha llegado esta inconsecuencia tan lejos en el mismo país de la libertad? ¿Cobardía? ¿Complejo? ¿Y el exilio? ¿Es el exilio cubano de derecha? ¿Se deja llevar por el vaivén de una izquierda de poder que lo manipula a su antojo? Según Armando, no existe un pensamiento de derecha representativo de la masa desterrada. Existe, eso sí, el papel manipulador izquierdista empeñado en descalificar a lo que pudiera haber de derecha dentro del anticastrismo.
Pero, ¿por qué decir que el exilio, aunque parezca, no es de derecha? Si vamos a dos ejemplos citados en el libro, Mas Canosa y Montaner, surgen adolescentes en la lucha revolucionaria en contra del general Fulgencio Batista y Zaldivar. Mostrándonos, dato en mano, que la mayoría de los más duros movimientos anticastristas han sido revolucionarios y por ende de izquierdistas, cosa que, como el autor muestra, se puede ver en sus programas de gobierno en caso de tomar el poder en la isla. Más bien se catalogaría al exilio en el terreno ideológico como una socialdemocracia bastante radical sin lugar jamás para ideas derechistas. De ahí que incluso haya más anti batistianos en el exilio que anti fidelistas, porque en este exilio son anti batistianos tanto castristas como anticastristas.
Pero, ¿y desde cuando impera este izquierdismo que ahora se expresa en el exilio? El ensayo nos remonta aproximadamente a partir del año 1933 en la República. Cuando, según el autor, existían sobrados indicios para creer que la revolución que derriba a Gerardo Machado más bien podría haber marcado un hito en el inicio o el agravamiento de los problemas sin solución para la República. ¿Fueron los cubanos irresponsables que alegres pusieron su patria en dirección equivocada?
Enmienda Platt
¿Fue de veras negativa para Cuba la polémica Enmienda Platt como nos han hecho creer a todos los nacidos dentro de ese régimen comunista? De Armas nos esclarece en qué consistió verdaderamente la Enmienda Platt en breves palabras. ¿De haber existido la Enmienda Platt en 1959 habría llegado al poder un Fidel Castro? ¿Se hubiera implantado un régimen comunista en la isla? ¿Es en definitiva el exilio cubano la consecuencia última de la derogación de la Enmienda Platt?
Entonces en un devenir de páginas y páginas esclarecedoras el autor nos pone a pensar, con nombres citados y hechos específicos como producto de la revolución del 33 llegamos al gobierno democrático de Fulgencio Batista y Zaldivar, legalizando así el Partido Comunista e incluyendo en su gabinete a connotados marxistas, aprobando más adelante nada menos que la muy aplaudida Constitución del 40.
Y en este paseo que nos da Armando por la historia nos muestra con referencias sólidas que la Constitución del 40 era, en muchos aspectos una carta socializante con lumbreras comunistas del momento. Paradójicamente, podemos ver plasmado lo que plantea el ensayo al constatar que aún dicha constitución, a pesar de sus pilares comunistas, es ponderada por exiliados cubanos “derechistas’ como la más adelantada y progresista de la época en el mundo.
El autor hace alusión a como el mismo exilio derechista apoya la Constitución del 40, izquierdamente influenciado, conociendo o debiendo conocer no obstante otras opciones, como la Constitución de 1901, permeada por la carta norteamericana y por lo mismo distanciada del síndrome socializante. Constitución, la del 40, nada más y nada menos que editada por la mismísima Brigada de Asalto 2506, mercenarios de la extrema derecha imperialista, según la izquierda, que se aventuraron en 1961 arma en mano con el objetivo, como nos señala el ensayo, de restituir la mencionada Carta Magna. Aquí podemos notar cuán de derecha puede ser el exilio cubano…
¿Pero qué pasa con Occidente y su pureza de sangre? ¿Lo ha reemplazado la pureza de ideológica? El autor nos muestra como viene decayendo en Occidente la libertad de pensamiento y expresión y pone varios ejemplos de lo que sufren intelectuales a causa de esa censura. Cita el autor al expresidente, intelectual y ex disidente checo Vaclac Havel poniendo al descubierto la ya repetitiva táctica de la izquierda para usar el lenguaje envilecido como uno de los instrumentos más diabólicos del avasallamiento de los unos y el embelesamiento de los otros. Surgiendo así la categoría de subversión ideológica para cualquiera que quiera hacer el uso de sus propias ideas y originalidad.
El autor pone al descubierto ejemplos claros como el del biólogo James Watson mostrando el descredito al que poco a poco se ha visto sometido por solo respetar la libertad de pensamiento y expresión y plantear, acorde con sus estudios sobre el ADN, que la raza tiene que ver con la inteligencia. ¿Consecuencia? Ostracismo por fundamentalista. ¿Qué pasa con esta postura en nuestros días según el ensayo? ¿Acaso el gulag de los fusilamientos virtuales (como les llama el autor) no es tan perjudicial como el gulag de los fusilamientos reales? ¿Por qué se opaca a un escritor subestimando su obra y restringiendo la publicación de la misma? ¿Qué temen? No gozar de la aceptación izquierdista.
¿La necesidad del odio o la presencia de una falacia?
¿Es en sí, el restar odio de los sentimientos humanos, el causante de una maldad o mutismo aún peor? Una sociedad que no utiliza su odio y lo acumula no puede más que enfermar de los más horrendos hechos. Visto así afirmaría que es allí adonde nace el comunismo. En el regocijarse en la miseria y dolor del otro bajo el manto del pacifismo curador de los males mundiales. ¿Consecuencia de los actos pacifistas? Comunismo.
¡Ay Martí!
Empeño vehemente de rebajarle, amanerarle en un papel de poeta light. Irrespeto y desconocimiento. De Armas nos hace un llamado a verlo tal y como lo muestra la historia real. En combate empuñando revólver y con grados de Mayor General del Ejército Libertador, ese, ni más ni menos, era nuestro Apóstol en el momento de su muerte luchando por la libertad de su patria. Hechos como estos no tienen perdón, así como tampoco se persona al asesino de un hijo. ¿Cómo entonces se les exige tolerancia y perdón a las víctimas del comunismo? Modalidad y moralidad por aceptación, resignación, los exiliados deben demostrar ser perdonadores y pacíficos.
¿Y al final, quienes han sido verdaderamente estos pacíficos izquierdistas? El autor nos menciona a Salvador Allende como ejemplo irrefutable de los hechos criminales de una izquierda dominante. ¡Pues a engavetar obras de alcance mayor se ha dicho! De esa manera se queda en el olvido aquel encuentro mencionado en el libro citado en dicho ensayo El gran engaño, del veterano periodista alemán-uruguayo José Antonio Friedl. Quien califica como el Cartel de La Habana las conexiones del régimen de Castro y el narcotráfico. Entre los funcionarios que allí se encontraron según el libro estaba el Che Guevara. ¿Qué se tramitaba en dicho encuentro? Pues se discutía el establecimiento de una red de distribución de cocaína para financiar con sus ganancias la imposición del marxismo en el país austral a través del santón de la izquierda Salvador Allende. El mismo Che Guevara que vemos hoy en banderas y camisetas de líderes y protestantes “pacifistas” dentro de Estados Unidos. Desconocimiento de la historia de un criminal.
Y qué decir del escoger bien las palabras a la hora de hablar del comunismo enviando así el falso mensaje confundiendo al desconocedor de la materia cuando justifican la teoría culpando de los “errores” a sus mandatarios, a figuras determinadas y no al sistema.
Anticastrismo de los unos y los otros
Tantos años de adoctrinamiento comunista dentro de la isla que las nuevas generaciones ya no disciernen entre la demagogia al uso y el discurso liberador. Es por eso que no se interesan ni en los grupos pro-castristas ni mucho menos anti-castristas. Son ellos, en su ignorancia y ayudados por la estratagema de la propaganda izquierdista, los que aportan económicamente a una dictadura con remesas y viajes a la isla al poco tiempo de haber alcanzado un estatus migratorio legal dentro del exilio. Regresan como ovejas a su redil en cuanto el régimen se los permite. Méndigos de una visa para entrar al país que los vio nacer. Estos mismos son los que exigen el levantamiento del embargo para así congraciarse con el desgobierno dictatorial imperante.
Este ensayo nos navega entre la índole de las corrientes izquierdistas y nos anima, con pruebas fehacientes, a despertar del letargo para así de una vez desmantelar los mitos del antiexilio imperante.
Misleidis Fernández es escritora y autora del libro A falta de sueños.
Ángel fue un buen tipo, defendió la “revolución” porque le tocó duro luego que su padre abandonara a su madre, sus hermanos y a él y tuviera que, con solo ocho años tomar la batuta y actuar como cabeza de familia. A su corta edad, limpiaba zapatos con un sueño en mente: estudiar. Se conformó con llevar el plato de comida a la mesa. Creció y con él sus sueños, adonde limpiara zapatos llegó a ser almacenero, y luego jefe de departamento. Se casó con una mujer madura que ya tenía tres hijos, una aún de meses a la que crió como suya e incorporó tres varones en su afán de agrandar la familia buscando una hembrita. Se involucró tanto con los que le ayudaron a crecer, que no hubo zafra que se le escapara, ni marchas.
Se obsesionó con su nieta mayor y la crió, creó a su imagen y semejanza. Se encargó de insertarle el chip lleno de sueños del cual se había despojado y resignado él y así le fue inoculando cuanto “conocimiento” entendió le haría bien, le educaría en las doctrinas en las que creía y se había formado como parte del Hombre Nuevo. Enseñó a su nieta cada rincón de una Habana que se depauperaba ante sus ojos. Le leyó cada noche cuentos rusos y cubanos. Los paseos a la librería Moderna poesía eran obligatorios y semanales. Era la iglesia de ambos en las mañanas de domingos. Leían juntos y él disfrutaba contándole historias durante los apagones las cuales interpretaba mediante performance que realizaba con la luz que emanaba su cigarrillo “Popular” en la oscuridad. Ella era su orgullo, no solo lo pensaba, sino que lo vociferaba. Siempre la escena adonde exponía cuánto y cuan rápido aprendía su nieta. Que si aprendió a leer con cuatro años, que si escribía estilo árabe (de derecha a izquierda como por aquel entonces le dictaba su cerebro), có le había enseñado a darle un vuelco a la libreta para que así el mundo pudiera entender lo que ella escribía, lo difícil que le resultaba a la maestro tenerla sentada en su clase debido a su aburriento por una materia que ya dominaba gracias a él. Esto solo le causaba risas, era el causante de tanto potencial. Todo un artista cuando la pequeña ponía objeción ante el plato de sopa de chícharos, único recurso alimenticio en muchos hogares cubanos por aquel entonces, pleno período especial. Entonces le inventaba historias de una Cuba fantasía adonde un bistec (beef steak) de palomilla se deshace en su boca del tamaño del plato como siempre puntualizaba en un tiempo adonde las porciones de comida se reducen por día.
Por su arduo trabajo, llovían sus reconocimientos. Acumulaba medallas y diplomas en la misma gaveta adonde solía guardarse el VapoRub. Constaba en la lista de las líneas telefónicas pendiente a instalación como uno de los primeros. Tuvo un huerto cuando «la cosa se puso mala» detrás de su oficina en la empresa adonde trabajaba. Llegaron los Atech Panda y con ellos los dimes y diretes. No permitió que le incluyeran en la lista, no quería inmiscuirse, no daban resultados positivos. Luego la empresa a la que dedicó su vida pasó a ser una corporación extranjera y él, un simple encargado del orden y la limpieza. No tenía títulos.
Un buen día entró por la puerta de su apartamento, el cual se ganara también por su trabajo y en el cual trabajara siete años para su confección por allá por Alamar, y anunció que no permitiría que le volvieran a preguntar por el dichoso televisor ni admitir se hablara mal del gobierno debido al caso. Esa noche su nieta lo llamó desde el Yuma, adonde hacía un par de años residía con su madre. Le comunicó que sí, que como antaño, quería visitar Estados Unidos. La nieta supo entonces de su decepción con aquel desgobierno, a lo que él nunca mencionó. El aceptar su invitación, siempre pendiente a discusión, siempre esquiva, con un «ya yo he estado en Los Cayos, solía almorzar pescado frito en el pequeño bote de unas amistades con las que pescaba, incluso cuando aquello era más bien un pantano»confirms a su tamaña decepción. Ella supo en ese entonces que algo había cambiado, que ya no le importaba la historia de Pedro Pan que se habían leído juntos cuando él, orondo recogió en su centro laboral el ejemplar, el gobierno los repartía. Para ese entonces ya ella sabía la diferencia entre un tatuaje del Che influenciado por el chip inoculado de su abuelo, y la necesidad de haberse tatuado su rostro en vez del de aquel asesino. Él aún desconocía, ella sabía que era su oportunidad de mostrarle desde la otra orilla, el otro lado de la historia. Ángel nunca le fue a la contraria, tampoco a su favor, solo guardó silencio. Regresó a Cuba por su esposa, no hubo quien la convenciera de que todo se había ido a la mierda. Se mantuvo integra hasta su muerte. A él le tocó seguirla como buen esposo y apoyarla. A su nieta amarlos y aceptarlos como lo que fueron, unos abuelos excepcionales.
Su nieta solo regresó a Cuba por él, le acompañó en sus últimos días. Él, integro, la acompañó por siempre.