Fragmento de «A falta de sueños.»
Cuando estaban allí, de momento no se escuchó nada más, quedaron en un limbo las tres, estaban anonadadas con la idea de que un día pudieran salir por ese aeropuerto o por cualquier otro, por puro hobby, pero en Cuba eso era una utopía. Ahí los aeropuertos solo existen para despedir a personas que lograron conseguir una visa por medio de mentiras y negocios, o prostitución como ellas. O para llorar cuando ya se han ido y esperar pacientes si alguna vez deciden regresar a traerles aires de afuera que ellos jamás podrían ni respirar, ni imaginar que exista.
