Atardecer de añoranzas

Desde mi ventana veo el atardecer. Parece un barrio tranquilo, de esos adonde pasear perros y niños es la mayor diversión en las tardes. Las horas pasan lentas y mis pensamientos echan a volar lejos, tan lejos como ese horizonte en el que se pierden mis ojos llenos de añoranza por una patria que ya solo existe en mi cabeza.
Disfruto respirar ese aire que me lleva hasta mi balcón, el de la casa de mis abuelos adonde creci feliz entre mimos y amor. Ahí viven todavía, hace mucho que no regreso a ‘casa’, como aun ellos le llaman. Sera que desde que despega uno en un avión con cualquier destino por delante y sin intenciones de regresar ya pierde esa estrechez entre esas cuatro paredes que te vieron crecer y lo que ahora quieres crear para ti y los tuyos. Aqui estoy, dándole vida a mi hogar adonde crecen mis dos hijas. He decidido criar al estilo «abuelos», les mimo como si fueran mis nietas. No me puedo quejar, la tarde me ha hecho recordar que en mi corazón aun existe ‘mi casa’, allí adonde mis abuelos aun me mesen en el sillón mientras me devoro mi pomo de leche viendo la novela de las nueve. Desde mi ventana se observan cada maravillas, esas que me llevan a casa y me devuelven a mi hogar, al lado de mi maravilloso esposo e hijas.


Llegan las lluvias de Mayo y con ellas mi añoranza por ese café de mi abuela que puedo oler a distancia. Tantos años hacen ya que me largué, que logré extirparle dos almas a la dictadura. LLegué a tierra de libertad con mi hija mayor cuando apenas tenia tres años. Hoy, diez años después, me ha preguntado qué significa luchar. Confieso que me tomó por sorpresa. Me tocó explicarle a esa niña inteligente que ya es toda una adolescente que todos tenemos una lucha por dentro. Cada uno de nosotros estamos luchando por un ideal directa o indirectamente. Le expliqué que podemos luchar política, emocional o físicamente pero que lo más importante es no olvidarnos de seguir puliendonos para hacernos mejor version. Le dije que el mundo solo podrá ser cambiado cuando cada uno de los seres humanos tomemos conciencia de lo importante que es tratar de ser mejores, que nuestra competencia mayor es con nosotros mismos y lograr superarnos. Solo así lograremos la paz, cuando la generemos desde dentro.




