Ángel fue un buen tipo, defendió la “revolución” porque le tocó duro luego que su padre abandonara a su madre, sus hermanos y a él y tuviera que, con solo ocho años tomar la batuta y actuar como cabeza de familia. A su corta edad, limpiaba zapatos con un sueño en mente: estudiar. Se conformó con llevar el plato de comida a la mesa. Creció y con él sus sueños, adonde limpiara zapatos llegó a ser almacenero, y luego jefe de departamento. Se casó con una mujer madura que ya tenía tres hijos, una aún de meses a la que crió como suya e incorporó tres varones en su afán de agrandar la familia buscando una hembrita. Se involucró tanto con los que le ayudaron a crecer, que no hubo zafra que se le escapara, ni marchas.
Se obsesionó con su nieta mayor y la crió, creó a su imagen y semejanza. Se encargó de insertarle el chip lleno de sueños del cual se había despojado y resignado él y así le fue inoculando cuanto “conocimiento” entendió le haría bien, le educaría en las doctrinas en las que creía y se había formado como parte del Hombre Nuevo. Enseñó a su nieta cada rincón de una Habana que se depauperaba ante sus ojos. Le leyó cada noche cuentos rusos y cubanos. Los paseos a la librería Moderna poesía eran obligatorios y semanales. Era la iglesia de ambos en las mañanas de domingos. Leían juntos y él disfrutaba contándole historias durante los apagones las cuales interpretaba mediante performance que realizaba con la luz que emanaba su cigarrillo “Popular” en la oscuridad. Ella era su orgullo, no solo lo pensaba, sino que lo vociferaba. Siempre la escena adonde exponía cuánto y cuan rápido aprendía su nieta. Que si aprendió a leer con cuatro años, que si escribía estilo árabe (de derecha a izquierda como por aquel entonces le dictaba su cerebro), có le había enseñado a darle un vuelco a la libreta para que así el mundo pudiera entender lo que ella escribía, lo difícil que le resultaba a la maestro tenerla sentada en su clase debido a su aburriento por una materia que ya dominaba gracias a él. Esto solo le causaba risas, era el causante de tanto potencial. Todo un artista cuando la pequeña ponía objeción ante el plato de sopa de chícharos, único recurso alimenticio en muchos hogares cubanos por aquel entonces, pleno período especial. Entonces le inventaba historias de una Cuba fantasía adonde un bistec (beef steak) de palomilla se deshace en su boca del tamaño del plato como siempre puntualizaba en un tiempo adonde las porciones de comida se reducen por día.
Por su arduo trabajo, llovían sus reconocimientos. Acumulaba medallas y diplomas en la misma gaveta adonde solía guardarse el VapoRub. Constaba en la lista de las líneas telefónicas pendiente a instalación como uno de los primeros. Tuvo un huerto cuando «la cosa se puso mala» detrás de su oficina en la empresa adonde trabajaba. Llegaron los Atech Panda y con ellos los dimes y diretes. No permitió que le incluyeran en la lista, no quería inmiscuirse, no daban resultados positivos. Luego la empresa a la que dedicó su vida pasó a ser una corporación extranjera y él, un simple encargado del orden y la limpieza. No tenía títulos.
Un buen día entró por la puerta de su apartamento, el cual se ganara también por su trabajo y en el cual trabajara siete años para su confección por allá por Alamar, y anunció que no permitiría que le volvieran a preguntar por el dichoso televisor ni admitir se hablara mal del gobierno debido al caso. Esa noche su nieta lo llamó desde el Yuma, adonde hacía un par de años residía con su madre. Le comunicó que sí, que como antaño, quería visitar Estados Unidos. La nieta supo entonces de su decepción con aquel desgobierno, a lo que él nunca mencionó. El aceptar su invitación, siempre pendiente a discusión, siempre esquiva, con un «ya yo he estado en Los Cayos, solía almorzar pescado frito en el pequeño bote de unas amistades con las que pescaba, incluso cuando aquello era más bien un pantano»confirms a su tamaña decepción. Ella supo en ese entonces que algo había cambiado, que ya no le importaba la historia de Pedro Pan que se habían leído juntos cuando él, orondo recogió en su centro laboral el ejemplar, el gobierno los repartía. Para ese entonces ya ella sabía la diferencia entre un tatuaje del Che influenciado por el chip inoculado de su abuelo, y la necesidad de haberse tatuado su rostro en vez del de aquel asesino. Él aún desconocía, ella sabía que era su oportunidad de mostrarle desde la otra orilla, el otro lado de la historia. Ángel nunca le fue a la contraria, tampoco a su favor, solo guardó silencio. Regresó a Cuba por su esposa, no hubo quien la convenciera de que todo se había ido a la mierda. Se mantuvo integra hasta su muerte. A él le tocó seguirla como buen esposo y apoyarla. A su nieta amarlos y aceptarlos como lo que fueron, unos abuelos excepcionales.
Su nieta solo regresó a Cuba por él, le acompañó en sus últimos días. Él, integro, la acompañó por siempre.
